16 de junio de 1955

Matar a Perón. Dora trabajaba en un comercio cerca de Plaza de Mayo, salía a almorzar. “Terminé tirada debajo de un banco, rodeada de gente. Estuve una hora sin moverme. Lo malo del caso es que, después de la segunda pasada de los aviones, desde no sé qué edificio
empezaron a tirar con ametralladoras. Las balas picaban cerca, en las baldosas. Barrieron a todos los que no tenían protección (…) En una pausa crucé hacia el Banco de la
Nación junto con un matrimonio: el hombre fue acribillado en medio de la calle, ella
gritaba que también quería morir… Mejor es no contar esas cosas y otras que, desgraciadamente, tuve que contemplar”.

Los asesinos que tiraron las bombas desde los aviones, hoy reclaman una «república», «diálogo», los del «si se puede», los del «Cristo Vence».

No pudieron. No pudieron matar a Perón, no pudieron borrar la memoria que nos cuenta que es posible ser felices, no pudieron parar las luchas de las trabajadoras.

Tampoco pudieron llevarse el olvido. Ya sabemos lo que son capaces de hacer.

Redacción

Equipo de redacción de La Gaceta de Recreo

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