Marcela Maydana.

Le pasó a Marcela, pero podría haber sido Laura, Rocío, Elena o Isabel.

Se llamaba Marcela, no se llamaba Miguel, ni Carlos, ni Juan.

Ella se llamaba Marcela, pero también se llamaba miedo.

Y tenia una vida,

Tenía,

Tenía sueños,

Tenía.

Era mamá, abuela, hermana y amiga.

Se llamaba Marcela y probablemente dejó un viaje pendiente, un mensaje sin enviar o un abrazo que dar.

Se llamaba Marcela y después de su asesinato también se llamó Marcela.

Estaba sola sin saber que huía, por una calle, que ahora es cementerio, que ahora es lamento, en una tarde que ahora es de noche.

Se llamaba mujer, y su asesino intentó quitarle el nombre.

Se llamaba Marcela, tan solo pido que nunca se apellide olvido.

¿Hace falta que salgamos todas las mujeres a matar en masa para que el estado se mueva?

Ya no quiero tener más amigas rotas en mis manos porque un tipo abusó de ellas, tampoco quiero, a varón que lo dejes a tu amigo que divulgue fotos mías sin mi consentimiento.

No quiero que pase un mes más donde tengamos tantas muertas como días.

No son quejas, señor fiscal, son denuncias. Abra los ojos.

Ya no quiero escucharlos que les enoja más una pared sucia que una mujer que ya no está.

Lo único que quiero hoy, es romper todo, acompañar a quien quiera gritar, que todos sepan quién es quién, esto pasó en Recreo, no hay edad para los femicidios.

A mi me cuidan mis amigas, no la policía.