El caballo de la discordia federal

El «Moro» fue un un pingo maravilloso, de pelaje gris, de porte imponente y capaz de soportar en su lomo a uno de los cuatro jinetes del apocalipsis. De hecho quién lo montó calificaba para ser uno de ellos, fue nada menos que El Tigre de los Llanos.

Muchas son las leyendas que se tejieron alrededor de la figura del Moro. Se decía que era el «confidente» y “asesor” de Facundo. En numerosas memorias se relata que Facundo le hablaba al oído y el animal, con ciertos gestos preestablecidos, predecía los resultados de las batallas. Algunos se animaron a afirmar que las victorias del Tigre se debían más a la inteligencia de su caballo que a la bravura guerrera de su jinete.

Cuando el Tigre se estaba preparando para el enfrentamiento contra el Manco Paz en La Tablada, se dice que el Moro no se dejó ensillar, estaba indomable y no quería saber nada con trotar hacia la batalla, como si hubiera intuido la derrota. Aun así Facundo decidió montarlo y fue finalmente vencido por Paz. Perseguidos por soldados unitarios hasta más allá de la resistencia humana, las tropas de Facundo debieron desprenderse de varios caballos que ya no daban más, entre ellos estaba El Moro. Cuando Facundo volvió a atacar al Manco en suelo cordobés, seguramente aprovechó para buscar a su preciado caballo, pero fue nuevamente derrotado en Oncativo. El Tigre dejó el llano cordobés cargando el peso de la derrota sobre sus hombros y con el vacío que el Moro había dejado para siempre en su corazón.

En 1831 fuerzas de Estanislao López capturaron de casualidad al General Paz.

El azar en forma de boleadora hizo que el referente máximo del unitarismo del interior cayera en manos de las fuerzas federales. Los hombres de López se apoderaron de todo lo que el Manco tenía, incluido al emblemático Moro. Facundo y Estanislao no se tenían estima, por lo que el caudillo de “La Provincia Invencible de Santa Fe” se hizo el tonto cada vez que Facundo le preguntaba por su amado compañero. Furioso por la actitud de López, llegó a amenazar con abandonar las filas federales.

Es en este punto en donde Don Juan Manuel de Rosas tuvo que hacer de mediador. En 1831, Juan Manuel le escribió a López: «Parece que estuviéramos los Federales dirigidos a no tener un día de gusto cumplido». En la carta le pidió amablemente a su aliado santafesino que le devolviera el caballo a Facundo, cuya pérdida sintió, según las propias palabras de Juan Manuel «más que la de toda su fortuna».

A Facundo le escribió para lograr terminar con tan incómoda situación: «No valore la suerte del país por la estimación de un desaire particular». López le escribió a Rosas con el siguiente argumento: “El caballo en cuestión es un animal tan ordinario que otros mucho mejores se compran a $4 en cualquier lado”. Sus palabras se contradecían con sus actitudes, porque si el Moro era un caballo tan ordinario y barato, ¿Porqué dilataba su devolución?.

Tomás Manuel de Anchorena, primo del Restaurador y uno de los más pudientes de la época, le ofreció a Facundo pagarle el caballo para poder concluir de una vez por todas con el embarazoso asunto. Facundo no aceptó y le escribió: Me siento disgustado más allá de lo posible, estoy seguro que pasarán muchos años para que salga en la República otro caballo igual. No soy capaz de recibir a cambio de ese caballo ni todo el valor de la República Argentina «.

El Tigre murió asesinado despiadadamente en Barranca Yaco, Córdoba, el 16/02/1835, mientras que Estanislao López dejó este mundo el 15/06/1838.

Nada más se supo del Moro, parecería que entró al galope en la historia y se perdió en ella, pero el indómito pingo de pelaje gris nos dejó su leyenda como testamento. Facundo no podría haber tenido otro caballo…

El Tano

Egresado UBA Sociales, peronista desde la cuna ✌nacionalista Bandera de Argentina antiimperialista y riverplatense Trofeo y divulgador de historia. ¡Viva Rosas, Perón y Evita!

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