Cómo se construye un 7…

La docencia es un oficio de lazos, no de números, el aprendizaje que ocurre (o no) es del orden del deseo y se arma singularmente y siempre en un vínculo, no hay cifra que de cuenta de la autoría de pensamiento del/la aprendiente o de la herramienta amorosa y creativamente ofrecida por el/la enseñante, aunque pongamos más o menos arbitrariamente alguna que implique en ese proceso desaprobar, alcanzar, llegar a, destacarse, sobresalir, o tener el diez de la excelencia.


Las personas y sus existencias no nos caben en las planillas.

Allí afuera del cuadrito nos quedan las miserias, las violencias, el hambre o la sube sin carga que tuvieron mucho o todo que ver en lo que pudo o no armarse, sostenerse, apuntalarse, nos queda corto el renglón de observaciones para decir la madre con cáncer, el embarazo no deseado, el golpe de anteayer, las balas en el barrio, la vida en riesgo, las paritarias cerradas unilateralmente, la amenaza de no pagar el sueldo del próximo mes, los pedidos contradictorios e insensibles, hijos de un profundo desconocimiento del sistema educativo, lo/as docentes reemplazantes desprotegido/as y sin un ingreso de emergencia, hasta este siete absurdo que le falta el respeto a las veinticuatro horas diarias que pasamos en la computadora intentando imaginar todas las formas posibles de garantizar el acceso no solo al contenido sino y sobre todo al amparo a cada une de nuestro/as estudiantes.
Dónde poner la pandemia me pregunto si ya todo aquello nos quedaba afuera de la estadística que miente docentes con poco compromiso y sin ganas de trabajar?
En el centro, allí está la pandemia. Alterando nuestra cotidianidad, dejándonos sin abrazos, profundizando los desamparos previos. Seguir como si nada pasara cuando el mundo entero es una película de ciencia ficción, repartir sietes (o cuatros o el número que quieran frente a una tarea enormísima e inédita como la que nos toca) mientras solidariamente nosotres nos acompañamos el miedo y la incertidumbre, mientras seguimos creando redes y puentes para recibir a quienes llegan y cuidarles sus temores, alojando sus deseos, mientras sostenemos como siempre y más que siempre, habla de quien califica, no de quienes son evaluadxs.
No cabe allí nuestro orgullo por la tarea cotidiana.
Si hay que ponerle un número justo a todo esto, lo acordamos en paritarias.

Naty Cuenca – Lic. Psicología – Profesora de Enseñanza Superior en Psicología

Gracias Fernanda!

Redacción

Equipo de redacción de La Gaceta de Recreo

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